Alarmas. Hora de despertar.
Guy llevaba un buen rato sentado en la cama cuando Sarah despertó. El insomnio siempre fue una constante en su vida.
Se quedaron un rato mirándose sin decir nada, hasta que alguien golpeó la puerta de la habitación.
- ¡Eh, chicos, tenemos reunión en 15 minutos!
Las palabras de Kristian les sacaron del trance y comenzaron a vestirse. Guy preguntó:
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Tenemos que encontrar a mi hermano.- dijo Sarah mientras la tristeza embargaba su rostro.
Aunque Guy no se refería a eso, asintió con la cabeza mientras luchaba contra sus pantalones. Cuando logró meterse en ellos, pensó en lo que acababa de escuchar.
- ¿Tu hermano? ¿Qué pasa con tu hermano?
- Después de espiar a los jehovanos, intenté volver a por él, pero ví que habían dos gorilas en la puerta. Caí presa del miedo al pensar que me vieron mientras les espiaba, así que tuve que salir corriendo con la esperanza de poder volver a por él en otro momento.
- No te preocupes. Primero veamos qué planes tienen Kristian y compañía, y después decidiremos qué camino seguir. Pero antes debemos llenar nuestros estómagos para pensar con más claridad.
Al llegar a la cocina para desayunar, vieron que la mayoría de sus nuevos compañeros ya estaban allí. Todos estaban alrededor de la mesa, a excepción de Karla que estaba en el panel de control.
- Buenos días tortolitos -Dijo Kristian- Servíos un café... todos lo vamos a necesitar.
Karla estaba echando la segunda cucharada de azúcar en el café, cuando cayó sobre este una pequeña cantidad de arenilla. Levantó la mirada hacia el techo.
- ¡Hostia pu... -y estas fueron sus últimas palabras. Una mole con ojos cayó sobre ella, formando un amasijo de hierros y materia orgánica, enlazando cables y huesos con lo que quedó del panel de control. Ninguno de ellos había visto nunca nada así. Parecía un gusano esculpido en piedra y era más grande que un autobús escolar (de los amarillos, claro está), pero más pequeño que un cachalote en edad adulta. De lo que parecía ser su cabeza, salían seis tentáculos que acababan en una especie de ojos brillantes, como tubos de neón verde.
- ¿Cómo han podido llegar hasta aquí sin que sonara ninguna alarma? -gritó Szö desconcertado.
Antes de que nadie pudiera contestarle, del mismo agujero que el gusano, comenzaron a aparecer decenas de extrañas criaturas armadas.
Kristian, haciendo un gesto para que todos lo siguieran, se dirigió al baño. Allí, dentro de la cisterna del w.c. tenía el dispositivo de emergencia para escapar de allí en caso de ataque. Activó el interruptor de la luz del espejo mientras tiraba de la cadena. Seguidamente, donde debía estar la taza del water, se abrió una trampilla. Kristian bajó el primero, seguido de sus compañeros, pero cuando se disponía a cerrar la salida, se coló una última ráfaga de balas que alcanzaron a Fethawi y Namir que iban los últimos. Debían ser balas explosivas porque sus vísceras quedaron repartidas por todo el pasaje.
Sin tiempo para asimilar todo lo que había sucedido, los cuatro supervivientes al ataque emprendieron la marcha. Kristian había pensado en todo al diseñar esta vía de escape, puesto que cada vez que recorrían cinco metros, las paredes se derrumbaban detrás de ellos, acabando con toda posibilidad de ser perseguidos.
Pero nunca podía imaginar que aquella especie de gusano sería lo que los perseguiría. Parecía que nada podía detenerlo. El sonido, como de una taladradora gigante, se escuchaba cada vez más cerca.
Tras unos minutos de vertiginosa carrera por estrechos pasadizos, llegaron a una cueva donde les esperaba una barcaza. Aquel lago parecía ser el inicio de un río subterráneo, que les conduciría al final de la salida de emergencia.
*** NOTA DE LOS CIENTÍFICOS Y PSICÓLOGOS DEL FUTURO ***
Todo monstruo tiene su némesis. Y el agua parecía ser el de este terrible gusano. Probablemente algún trauma infantil acababa de salvar a Guy y sus amigos. Quizá un hermano mayor del gusano murió ahogado, cuando él apenas era una lombriz o quizá le contaban historias sobre extrañas criaturas que moraban en las profundidades de los lagos. No intenten entenderlo, la psique de los gusanos gigantes excavadores es muy complicada. Ni tan siquiera la supervisión del anciano del pueblo, para ayudarles a la comprensión del problema que aquí nos atañe, les serviría de algo.
Decenas de años después, en la trigésimo quinta convención de psicólogos con seis dedos en cada mano, se llegó a la conclusión de que los gusanos gigantes excavadores (Gugi’s en la jerga científica de andar por casa) eran una de las razas del universo con el espectro de sentimientos más complejo de cuantas eran conocidas. Cada uno de sus seis ojos podía llegar a segregar lágrimas por sentimientos diferentes. No solo esto, sino que podían generar combinaciones de estos según los ojos que le llorasen. Pero esto llegaba más allá. Si estaban acompañados por otros gigi's mientras lloraban, mediante el contacto de sus lágrimas podían llegar a transmitir ese mismo sentimiento a otros de su especie. Esto llegaba a desencadenar depresiones virales o euforias compartidas. Aquello era un jodido hervidero de sentimientos.
A su vez, se podía saber cuán triste o feliz había sido la vida de un gusano gigante excavador, por las estrías y hendiduras de su pétreo cuerpo. Allí estaba reflejado todo, algo así como los círculos en los troncos de los árboles.
*** FIN DE LA NOTA ***
Diez minutos recorriendo aquel río subterráneo, desembocaron en la parte inferior de una cascada, tras la cual la calidez del mundo exterior volvió a acariciar sus rostros.
Sus pupilas todavía se estaban acostumbrando a la luz, cuando se vieron rodeados de los secuaces de Liam. Decenas de metralletas les apuntaban. La barcaza, muy lentamente, quedó atrancada en la orilla. Les obligaron a bajar con las manos en la nuca.
Cuando todos hubieron bajado, les cubrieron la cabeza con capuchones negros. No quería que vieran a donde se los llevaban.
El tiempo fue pasando sin que les hicieran caminar hacia ningún lugar. Hasta que Guy, mosqueado, pregunto:
- ¿Vas a hacer algo con nosotros o nos quedaremos aquí para siempre?
No obtuvo ninguna respuesta.
Pasados unos segundos, notó como si se soltaran las bridas que habían puesto en sus muñecas. Guy se quitó el capuchón y contempló la macabra escena: tan sólo quedaban las armas y huesos de los que hacía unos momentos les habían capturado.
- Parece que Bob nos ha vuelto a salvar -dijo Guy a Sarah en voz baja mientras le quitaba el capuchón.
Los últimos cuatro componentes del equipo emprendieron la marcha con el nuevo armamento que acababan de obtener por “gentileza” de sus enemigos.
Desde allí tenían una vista de toda la ciudad. Pero algo no encajaba. Todo ese paisaje respiraba normalidad. Como cada día, las calles estaban llenas de gente, el centro (la parte donde residía la alta sociedad) colapsado por una marabunta de coches y el brillo de miles de neones mostrando cuál era la capital del consumismo.
- No puede ser, algo falla aquí. ¿Dónde está el paisaje que vimos por las cámaras? -dijo Kristian.
Szö, como si acabara de ser partícipe de una revelación divina, dijo a sus compañeros:
- ¡Claro, tiene que ser eso! Hace unos meses, un gran amigo de la universidad, me comentó que estaba trabajando en un megaproyecto secreto para crear hologramas de grandes dimensiones. Decía que lo estaba construyendo el gobierno, para momentos en los que debía aparentar normalidad al resto de la población local, o del mundo. Ya fuera en manifestaciones contra el mismo o en accidentes ocasionados por negligencias políticas. En ningún momento lo hablé con nadie, por respeto a él, pero creo que lo que me dijo encaja con lo que puede estar pasando.
- ¿Quieres decir que el gobierno tiene algo que ver con todo lo que está pasando? ¿Y esos jodidos bichos que nos perseguían estaban a sus órdenes? Creo que esto tiene unas dimensiones mayores de lo que creíamos. -dijo Guy mientras tragaba saliva pensando en todo lo que había pasado y peor aún, en todo lo que estaba por llegar.
En ese momento notaron una gran vibración bajo sus pies. Una pequeña grieta se abrió entre ellos, y de allí salió un potente alarido como de ultratumba.
- ¡Joder! ¿Qué ha sido eso? Decidme que no tiene nada que ver con aquel gusano gigante... -el miedo paralizó a Sarah.
- No lo sé, pero no pienso quedarme a averiguarlo -respondió Kristian que también parecía haberse erigido a él mismo como líder del grupo de supervivientes- Mirad, ahí abajo parecen haber varios vehículos. Hagámonos con uno y vayamos en busca de respuestas.
El grupo comenzó a bajar la ladera. Iban en dirección a un centro comercial que estaba a las afueras, allí podrían conseguir algún vehículo. Mientras descendían Szö comentó:
- Deberíamos también buscar algunos trajes protectores mejores que estos. Cuando equipamos el refugio invertimos más en otras cosas, y compramos estos en el mercadillo.
- Y no vendría mal algo de comida, me muero de hambre -apuntó Guy.
Casi una hora después llegaron a la entrada del parking, así se encontraron a las primeras personas desde que escaparan de la ciudad. Sarah vió a una anciana que se tambaleaba, así que fue corriendo para auxiliarla, pero cual fue su sorpresa que cuando iba a sujetar con firmeza los brazos de la mujer... ¡La atravesó! Sarah gritó del susto con todas sus fuerzas, y por ello sus compañeros fueron a ver que sucedía.
- ¡La he atravesado con mis manos! ¡La he atravesado! ¡La he atravesado! ¡La he atravesado! ¡La he atravesado! -repetía Sarah presa del pánico.
Guy la sujetó entre sus brazos para intentar calmarla.
- Aquí está la prueba, esto confirma mi teoría. Es un holograma. -dijo Szö.
- Unos efectos especiales muy resultones... -dijo Kristian con desdén.- Dejémonos de jueguecitos y vayamos de compras.
El centro comercial era suyo. Podrían haber pasado semanas disfrutando de todo lo que allí había: peliculas, alimentos de toda clase, musica, libros... pero dadas las circunstancias, tenían que ir al grano. Se separaron para “adquirir” lo que necesitaban: Sarah lleno un par de carros de comida, Guy encontró unos buenos trajes protectores para todos y además cogió algunos más de reserva. Pensó que podrían hacerles falta. Kristian y Szö se ocuparon de todo el material informático: Portátiles, cámaras, micrófonos ultrasensibles, y todo tipo de aparatitos que pensaron que les podían ser útiles.
Mientras descendían la montaña, Kristian había comentado la necesidad montar un centro de operaciones móvil en algún vehículo de los cientos que estaban estacionados en el parking. Era sorprendente que, aunque la cantidad de vehículos menguaba a un ritmo considerable en los últimos años, los parkings de los centros comerciales continuaban llenos hasta la bandera. Al final se decidieron por una gran furgoneta negra, bastante nueva, que con sus conocimientos y todo el material y herramientas que necesitaban a sus disposición, no tardaron en puentear.
Kristian se puso al volante. Guy se percató de que en el reproductor había un disco y se preguntó por el dueño de la furgoneta. ¿Qué gusto musical tendría? ¿Quién sería? ¿Cúal había sido su destino? Mientras se preguntaba estas cosas, le dió al play y la música empezó a sonar.
Storm.. in the morning light
I feel
No more can I say
Frozen to myself
I got nobody on my side
And surely that ain't right
And surely that ain't right
Ohh, can't anybody see
We've got a war to fight
Never found our way
Regardless of what they say
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