lunes, 3 de septiembre de 2012
Especiales Vol. 1: Décima publicación. O el por qué de todo.
Corría el año 978 d.C. del calendario gregoriano. Al-Mansur bi-llah, también conocido como Almanzor, estaba decidido a combatir el cristianismo de la península ibérica mientras seguía con sus campañas en el Magreb. Miles de ideas rondaban su cabeza. Sus ayudantes y él, reunidos en torno a la hoguera, debatían cual sería la mejor forma de comenzar a arrasar a los enemigos cristianos. Pero todas se acababan desechando por imposibles o incoherentes. Después de varias horas sin llegar a ningún consenso, Almanzor se retiró a sus aposentos.
Llevaba un rato dando vueltas sobre sí mismo. Tenía asumido que esa noche no iba a poder conciliar el sueño. Desesperado, se cubrió con una manta y se dirigió al pequeño montículo que había cerca del campamento. Hacía una noche magnífica. El cielo estaba totalmente iluminado por la luna en su pleno. Cuando llegó a la parte más alta, se tumbó. Ninguna nube tapaba la bella visión de las estrellas titilando. De repente, se levantó sobresaltado. Un haz luminoso había surcado el cielo durante unos segundos, finalizando en un pequeño bosque de almendros cercano. Sin pensarlo, fué corriendo al lugar donde la extraña luz parecía haber terminado su recorrido.
Caminó con cautela mientras se acercaba. De pequeño le habían contado muchas historias sobre la posibilidad de que hubiese vida más allá de las estrellas. Llegó a donde debían estar los almendros, pero en su lugar encontró un gran agujero. Y dentro de él, había una especie de caja redonda de algún material similar al bronce. Almanzor comenzó a ponerse nervioso cuando se abrió una puerta de aquel objeto. Pero quedó petrificado cuando de este salió un extraño ser de rasgos reptilianos.
Pulsó algo en su mano derecha y comenzó a hablar:
- No temas. No vengo con ninguna intención bélica. Mi nombre es Vndtrfsebrkta. Soy vicepresidente y estratega de la Confederación de Yadosha. Bueno... O solía serlo.
- Supongo que será más fácil que te llame “V.”. Me parece que ese lugar no está muy cerca de aquí. Mi sable debería estar en tu cuello. Pero, no sé por qué, me inspiras confianza. Yo soy Abu 'Amir Muhammad ben Abi 'Amir al-Ma'afirí. Soy un militar y político andalusí. Puedes llamarme al-Mansur bi-llah
- ¿Podemos ir a algún lugar tranquilo y seguro? Ha sido un viaje muy accidentado dejando atrás a la agencia de inteligencia de Yadosha. Así te contaré mi historia con más calma.
- Claro, ponte esta manta para pasar desapercibido. Iremos a mi tienda, allí me contarás esa truculenta historia de la salida de tu tierra y eso que me quieres pedir. Porque presiento que quieres algo de mi, y que no será fácil conseguirlo.
Los dos caminaron sigilosamente hasta la tienda que tenía el militar àrabe. Sus leales soldados le tenían un gran respeto por todo lo que estaba consiguiendo en África, y al verlos, se limitaron a dejarles el camino libre y abrir la puerta de tela de la tienda.
- Siéntate ahí mismo. ¿Quieres algo de comer? Sírvete lo que quieras -dijo al-Mansur bi-llah señalando la mesa llena de manjares culinarios.
- Realmente no estoy muy familiarizado con la alimentación terrícola. Pero tenemos dos estómagos a prueba de bombas. Cogeré un poco de cada. Ha sido un viaje muy largo.
- Bueno, ya puedes contarme lo que quieras.
- A ver... ¿Cómo empiezo...? Los máximos gobernantes de mi raza están cambiando totalmente los principios morales que tuvimos siempre. Es cierto que siempre hemos estado ampliando horizontes y conquistando nuevos planetas. Pero últimamente se han radicalizado. Antes solo colonizábamos planetas estériles para otras formas de vida. O como mucho, si estaban habitados, les ofrecíamos unir su raza a la nuestra para mejorar genéticamente. Y si no aceptaban, lo cual sólo pasó una vez, nos íbamos a buscar otro. Pero hace un tiempo que eso cambió. Ahora suelen buscar planetas habitados, y si no aceptan, les extinguen. Yo me opuse desde el primer momento. No iba acorde a los valores habíamos sido siempre. Al principio me dijeron amistosamente que, o cambiaba mi forma de pensar o debería abandonar el gobierno. Pero después se volvió todo más tenso y mi integridad física corría peligro. Así que busqué en la base de datos de planetas que tenemos, y llegué a la conclusión que habían ciertos personajes históricos de vuestra raza que podrían ayudarme con lo que persigo... ¿Vas entendiendo o te explico algo?
- Supongo que he cogido la mayoría, pero me temo que ahora viene lo realmente importante. De todas formas de poco me voy a sorprender después de estar hablando con un ser de otro planeta...
- Como iba diciendo tenéis algunos personajes como Jesús de Nazaret, Mahoma, Siddhartha Gautama o Sun Tzu conocidos por su inteligencia o bondad... Y nosotros podemos sintetizar vuestro ADN, para evolucionar nuestra raza.
- ¿ADN?
- Cierto, todavía no lo habéis descubierto. Digamos que, en resumen, es la información que hace a cada persona ser como es.
- Entiendo.
- Bueno, ahora viene otra parte que te dejará extrañado. Nuestra reproducción es asexual. Es decir, que no somos como vosotros, hombres y mujeres. Todos podemos tener descendencia. Pero tan solo una vez en la vida. Podemos elegir si continuar con la especie, y por tanto poner un huevo. Algunos elegidos por el gobierno, no tienen que tenerlo, y por tanto son inmortales. Porque cuando el huevo eclosiona, el padre, por decirlo de alguna forma, sirve de alimento a la cría durante los primeros días. Hasta que el hijo puede valerse por sí mismo. Supongo que es una buena forma de no tener superpoblación.
- Buff... No sé si estoy preparado para asimilar tanto concepto. Entonces ¿Cómo se crea el huevo en vuestro interior?¿De que te servimos los habitantes de la tierra?
- A ver, respondiendo a la primera pregunta: Tenemos que encerrarnos en algún lugar alejados del ruido y la humedad. Nos ponemos en una postura en concreto, ingerimos una infusión preparada con unas plantas de nuestro planeta, y nos quedamos meditando. El objetivo es llegar al trance mediante una retahíla de pensamientos. Una vez ahí, nuestra alma sale del cuerpo por la boca y, tras dar varias vueltas a la habitación, entra violentamente por el estómago. No queda señal, pero estamos unos días con fuertes dolores. Y respecto a la segunda: Necesito que me ayudes a buscar los restos de esos personajes. Tengo que coger su ADN e inyectarlo nada más sacar el huevo de mi interior. Así pasaré la herencia de esas personas buenas e inteligentes. A cambio de esto te ayudaré con las aceifas de la península. Creo que te puedo servir de mucho.
- Ciertamente tengo muchas ganas de empezar esta nueva etapa de mi vida militar. Nunca viene mal una ayuda. Ya te dije que me transmites confianza, pero no será nada fácil encontrar lo que me pides. Hay mil historias y leyendas sobre donde está enterrado cada uno.
- Tranquilo, en mi planeta estarán un tiempo parados. Es época de rearme, necesitan aplicar los nuevos conocimientos a la maquinaría bélica. Y eso les llevará unos años. Así que tengo mucho tiempo.
- Bien, pero si me tienes que acompañar en todas las batallas, tendremos que idear algo para que no te vean.
- En mi nave tengo una túnica con capucha, la cual es el uniforme de los gobernantes de Yadosha, que no deja ver nada de quien está en su interior.
- Perfecto. Diré que eres mi consejero. En cuanto se vayan logrando lo éxitos nadie tendrá ninguna pregunta sobre quién eres. Por cierto, ¿Tienes alguna preferencia para dormir? Creo que hoy será mejor que te quedes aquí.
- Nosotros no dormimos de la misma manera que vosotros. Simplemente nos sentamos y entramos en un estado de relajación, pero estamos atentos a todo lo que sucede a nuestro alrededor.
- Es tarde ya, así que vayamos a dormir o meditar o lo que sea... Presiento que va a ser el principio de una época muy grande... Que tengas una buena noche.
- Igualmente.
El tiempo fué pasando. al-Mansur bi-llah había delegado en algunos de sus hombres más leales la búsqueda que le había encomendado su nuevo consejero. Por su parte, V. estaba haciendo del ejército del caudillo árabe una máquina de ganar. Una a una las aceifas fueron acabando con territorios cristianos. Tan sólo con mentarle los cristianos huían aterrorizados. Todas estas batallas engrandecieron su nombre, en especial algunas como la de Barcelona, donde obtuvieron grandes riquezas, y en la que estuvieron ocho días atacando ferozmente la ciudad hasta la rendición cristiana; O la del año 997 d.C. asolando Santiago de Compostela.
Corría el año 998 d.C., y en todo este tiempo sólo pudieron hacerse con la lanza de Longinos y una túnica de Mahoma, de todo lo que había pedido V. Un día, mientras al-Mansur bi-llah estaba comiendo, le vino una idea de cómo podría tener más posibilidades de conseguir las peticiones de su consejero:
Hacía dos años desde que Almanzor había ingresado en un logía ultrasecreta, en la que grandes personalidades de la época se reunían para intercambiar conocimientos y vivencias. Tan solo se podía acceder a ella por recomendaciones, ya que nadie externo al grupo la conocía. En poco tiempo ya era uno de las personas más influyentes dentro de ella, y había forjado dos grandes amistades con miembros de la misma: uno era Leif Eriksson, un explorador vikingo, y el otro Abu 'r-Raihan Muhammad ibn Ahmad al-Biruni, (conocido en occidente como Albiruni), que fue un prolífico personaje. Tal es así que entre otras cosas era matemático, astrónomo, físico, filósofo, historiador…
Un día les propuso un trato. Ellos le ayudaban a encontrar ciertos objetos, y su misterioso amigo les recompensaría con creces. Corrían muchas leyendas sobre la sabiduría del consejero de al-Mansur bi-llah, así que los dos aceptaron sin pensar.
Los dos formaron grupos de búsqueda, se dividieron los objetos y marcharon con presteza.
Leif fue en búsqueda de los restos Siddhartha Gautama, tenía información que se encontraban cerca de un bosque de mangos en Kushi-Nagara, a unos 175 kilómetros al noroeste de Patna, en la India. Por su parte al-Biruni se dirigió a la búsqueda de Sun Tzu en una zona que más tarde sería conocida como Mongolia.
Tras unos meses de búsqueda, a principios del año 999 d.C. los dos amigos de al-Mansur bi-llah llegaron con buenas nuevas. Habían conseguido sus objetivos, así que acordaron los cuatro una reunión secreta.
- Con estos cuatro objetos ya tengo lo necesario para lo que quería. Os estaré eternamente agradecidos. Ahora, uno a uno, -dijo V. refiriéndose a los dos amigos del caudillo árabe- os daré mi recompensa por vuestra labor.
Se fué a unos metros del grupo para explicarles lo que iban a obtener. Primero se lo dió a Leif Eriksson, al cual le indicó cómo llegar a lo que más tarde se conocería como América del Norte, y que ellos llamaron Vinland. A al-Biruni, quien perdió a casi todo su equipo en la búsqueda, le dió unos escritos con información sobre la cronología, los astrolabios, el sistema decimal, la astrología y datos para calcular el radio de la esfera terrestre.
V. se retiró a una cueva cercana, donde algunos hombres de Almanzor harían guardia durante todo el proceso de gestación. Con él se llevó el ADN sintetizado de todos los objetos que habían conseguido dentro de una especie de jeringuilla.
El año 1000 d.C. continuó siendo propicio para los intereses árabes. Al-Mansur bi-llah se disponía a emprender una nueva batalla. Esta vez sería en Peña Cervera. V. hacía un mes que había salido de la cueva. Llevaba el huevo dentro de un recipiente que había traído de su planeta. En el, el embrión se iba desarrollando perfectamente. Esta iba a ser la última batalla en la que ayudaría al árabe, puesto que dentro de poco iba a ser víctima del hambre de su descendiente. El 29 de julio de ese año, las tropas de Almanzor se alzaron victoriosas.
Poco después, el 25 de agosto, comenzó a eclosionar el huevo. Los dos se sorprendieron.
- ¿Eso es un dragón? ¿Eran ciertas las leyendas? -preguntó el caudillo musulmán.
- Esto no me lo esperaba. Realmente es un reptil que vivió en la tierra hace millones de años. Huesos de animales como este son los que estado alimentado todas las historias de dragones. Se debió de mezclar con los huesos de Sun Tzu, ya que en esa zona abundaban los velociraptores. Ahora me quedaré a solas con él. Ha llegado el fin de mi existencia. Vuelve aquí en dos semanas. Yo ya no estaré, pero no temas por su reacción, porque todos mis conocimientos y vivencias a lo largo de mi vida, serán transmitidos a mi descendiente.
- Ha sido un placer trabajar contigo todos estos años. Muchas gracias por todo.
- Opino lo mismo querido amigo.
Los dos se fundieron en un largo abrazo y se despidieron por última vez.
Dos semanas más tarde al-Mansur bi-llah entró a la cueva y vio a un pequeño y revoltoso animal. Cuando este vio al hombre entrar, se le quedó mirando como si le conociera de toda la vida.
- Te ofrecería una silla, pero aquí solo hay piedras -espetó el reptil.
- ¿De donde has sacado ese sentido del humor? Te pega muy bien el nombre de Hob, que significa pequeño espíritu del hogar. Así que te llamaremos Hob V. en honor a tu padre.
- Me gusta. Tiene garra.
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