lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 8


Liam estaba en la pista de aterrizaje que el complejo jehovano tenía en la parte trasera. Estaba escondida de todas las miradas ajenas a los planes de este, puesto que su función era recibir a personajes no muy convencionales.

Llevaba esperando una media hora. Estaba algo nervioso. El vicepresidente Kashdoggyk (este sería el equivalente pronunciado por unas cuerdas vocales terrícolas) de Gaknatran iba a llegar de un momento a otro. Esta era el corazón y madre de todas las colonias de la Confederación de Yadosha en el vasto universo. Estaba formada por Gamusión, el más pequeño de ellos, dedicado a la diplomacia y seguridad; Tranboobah, un laboratorio y criadero; Y por último estaba Knauth, centro industrial, de logística y distribución, que contaba con la mayor circunferencia de los tres. La Confederación de Yadosha se había escindido voluntariamente de la Alianza Intergaláctica, ya que no compartían su forma de ver la evolución.

En un abrir y cerrar de ojos, apareció delante de él una fastuosa nave. Con esta velocidad era seguro que ningún radar terrestre les podía haber detectado. Después de un leve sonido, comenzó a abrirse una puerta en el costado en el que Liam se encontraba. De ella salió el vicepresidente, ataviado con la particular túnica y capucha negra, con la que vestían las altas esferas del gobierno de Yadosha. Era un símbolo de poder.

El diplomático conectó el minitraductor que llevaba implantado en la palma de la mano y saludó a Liam.

- ¿Qué tal el viaje señor vicepresidente?

- Algo tedioso mi querido Liam, supongo que debo llamarte así ya que has vivido más tiempo con este nombre. No pude ver ninguna película, puesto que al poco de salir de Gamusión hubo una avería en el circuito de entretenimiento -dijo con un perfecto acento terrícola.

- Faltaría más señor. Acompáñeme. Ya tenemos a los demás invitados en la sala de operaciones. Presiento que hoy será un gran día.

Los dos, acompañados de un agente de seguridad, se dirigieron al interior del complejo. Mientras, otros subordinados guardaban la nave en el hangar. Pocos minutos después llegaron a la sala.

- Por favor, siéntense. No me gustan las estúpidas formalidades terrícolas. Los planes han avanzado según lo previsto. Las naves están colocadas en la posición que calculamos con respecto al sol y sus depósitos vacíos y comprobados. Podrán albergar el número necesario de humanos de la ciudad para nuestros planes. Si no hay ninguna objeción, comenzaré con la cuenta atrás para ejecutar el siguiente paso del plan.

Liam chasqueó los dedos y un hombre entró en la sala con una caja. La fue abriendo, a la vez que la colocaba sobre la mesa. Sacó un pulsador y lo conectó a la pequeña pantalla que tenía delante de él.

- Señores, aquí comienza un nuevo paso para nuestro camino a la perfección. ¡Que empiece la cuenta atrás!- dijo mientras una voz artificial iba descontando.

Cuando la voz llegó al número cero, Liam apretó el botón. Mientras, sonaba una de sus canciones favoritas.

- Esto es una licencia que me he permitido. Hay que reconocerles que tienes buenas melodías en este planeta - dijo Liam.

Los presentes en la sala soltaron carcajadas y gritos de alegría. Todos se felicitaban unos a otros, a excepción de Kashdoggyk y Liam. Entre todo el jolgorio, el vicepresidente alzó la voz y preguntó inquisitivamente:

- Antes de seguir con esta cháchara ¿Qué sabemos de Robert V.?

Estas palabras acabaron radicalmente con cualquier rastro de alegría en la sala. Todo quedó en silencio. Salvo por los pasos de alguien que entró en la sala. Este susurró algo al oído de Liam.

- Bueno primero de todo, me acaban de informar que, según como estaba previsto, Sarah ha escapado del complejo dirección a casa de Guy. Como sabéis llevaba un localizador incorporado al collar que le regalé. Y respecto a su pregunta señor vicepresidente, tengo a tres de mis mejores hombres -mientras decía esta última palabra Liam gesticuló unas comillas- siguiéndole la pista. No habrá ningún problema esta vez.




- Lo siento caballeros, poker de ases. Lo que significa que he ganado y debéis pagarme lo acordado. -dijo Bob mientras dejaba sus cartas sobre el tapete y recogía su puro del cenicero para darle una larga calada de satisfacción.

Los rostros de aquellos pobres diablos eran un poema. Una mezcla de miedo y estupor. Sabían que aquel lóbrego antro de carretera abandonado iba a ser su tumba.

- Caballeros, como verán, soy un velociraptor. Un cazador nato. Así que si empiezan a correr, harán esto mucho más divertido.

Antes de acabar de pronunciar esta frase, los esbirros de Liam ya iban a la carrera. Cada uno en una dirección, pero en un abrir y cerrar de ojos, Bob alcanzó al primero. Un certero mordisco en el cuello hizo que la cabeza quedara colgando mientras aún daba los últimos pasos.

- Este ya no corre más. -dijo Bob.

Rápidamente, fue a por los otros. Al segundo le mordió el culo un par de veces. Solo por diversión. Después simplemente le dió un pequeño empujón para tirarlo al suelo. Todo ello rematado por un gran bocado en la pierna, la cual amputó de cuajo y le hizo desangrarse poco a poco.

Al tercero le hizo la cara un mapa. Bob recordó algunas películas de la década de 1980 como “Pesadilla en Elm Street” o alguna posterior como “Eduardo Manostijeras”. Sus afiladas garras hicieron todo el trabajo.

- Bueno... ¡Que comience el festín!. -dijo Bob entre excitado y satisfecho. - Aunque no he traído el curry, pero bueno... “Padre, bendice estos alimentos que voy a devorar.”

Acto seguido, se lanzó a comer lo que acababa de cazar, dejando tres bonitos montones de huesos en tan solo veinte minutos. Seguidamente conectó su reproductor de música portátil, colocó los cascos en sus orejas y volvió a encender el puro mientras citaba otro éxito de la misma época:

- ¡Me gusta que los planes salgan bien! -dijo fumando un puro, mientras la intro de “El Equipo A” sonaba a todo volumen.




Cuando despidió a todos sus invitados, Liam se dirigió a la sala donde estaban los habitantes del complejo.

- Parece ser que aún no es seguro salir a la superficie. Aguantaremos aquí abajo uno o dos días más. Sabeis que hay alimentos de sobra, y todo está acondicionado para vivir sin problemas -dijo para calmar la inquietud que reinaba en la habitación.- Ted, ven conmigo un momento. Tenemos que hablar sobre algunas cosas. Entre ellas tu promoción dentro de organización.

Se mostró reticente. Su hermana le había contado sus sospechas, y confiaba ciegamente en ella. Liam se acercaba a él, mientras iba reculando hasta que la pared cortó su camino.

- No tengas miedo. Es el principio de una gran época.

Ted seguía desconfiando. Sus músculos comenzaban a engarrotarse del pánico. Liam acercó lentamente su mano derecha hasta ponerla sobre la frente del niño. Este sufrió una leve convulsión. Sus pupilas se dilataron y comenzó a respirar entrecortadamente. El señor Moore le cogió de la mano y, ahora sin oposición, salieron de la habitación dirección a la sala donde realizaron la revisión a su hermana Sarah.

Nada más entrar, los pestillos se cerraron automáticamente. El pequeño cristal que había en la puerta se tornó opaco, y las luces cogieron un cariz morado.

- Ponte esta bata y túmbate ahí Ted -dijo el médico señalando la mesa de operaciones. Este obedeció sin vacilar.

Un ayudante acercó la mesa de mando. Todos se pusieron una extraña máscara que les permitía ver con normalidad en aquella escena. El chico estaba tumbado, sereno y sin ningún temor.

Comenzó la operación. Desde una pantalla táctil, el médico controlaba los brazos articulados de un robot que trabajaba sencilla y limpiamente. El apéndice metálico introdujo una pequeña cánula por la nariz. Iban a trabajar en su cerebro. Mientras que una aguja perforaba su piel, a la altura de su muñeca, para ir recabando información sobre Ted. Con esos datos programaron un minúsculo chip.

- ¿Entonces es compatible con el proyecto? - dijo Liam preguntando a los medicos.

- Es perfecto señor. Parece que hubiese sido concebido para este momento. Es ideal, genéticamente hablando, para aprovechar al máximo el programa que hemos desarrollado. Con esto conseguiremos incrementar sus capacidades cognitivas y motrices en un 300%. Además está en la edad perfecta. Si tuviese unos pocos años más no podríamos optimizar el hardware. Además tenemos diferentes programas dentro para asegurar que no se vuelva en nuestra contra. Sumado a todo esto, se podrá manejar a control remoto desde cualquier lugar.

El médico volvió su mirada a la pantalla. Tecleó un código larguísimo y el brazo articulado introdujo por la cánula el chip. Ted nunca volvería a ser el mismo.

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