lunes, 13 de agosto de 2012

Capítulo 7


Los seis se sentaron alrededor de la mesa central. Kristian, que parecía ser el líder del grupo, tomó la palabra.

- Cómo empezar esto... -se tomó unos segundos, y continuó- Todos éramos asiduos a un foro sobre informática. Un día salió el tema de las cámaras que estaban instalando en las calles. Esa era una de las medidas de seguridad que había instaurado el nuevo gobierno para controlar las posibles amenazas externas. Cansados de que coartaran nuestras libertades y, pensando que había algo más detrás de todo esto, decidimos que teníamos que unirnos para formar un pequeño grupo de insurgentes, si quieres llamarlo así. Nos pusimos manos a la obra para crear este centro de operaciones. 
Tuvimos suerte de que cada uno de nosotros era bueno en las materias que fallaban los otros. Pese a las múltiples nacionalidades, todos vivíamos en el país a la hora de conocernos. Casualidades de la vida todos hemos emigrado de nuestros países por problemas políticos. Y me temo que si descubrieran esto, tendríamos que hacer lo propio con este. -dió un sorbo a su taza de café y continuó hablando- Creemos que tenemos algo de información sobre lo que está pasando. Szö, cuéntale lo que registraron las cámaras.

- Cuando llegó Kristian nos pusimos a mirar la grabaciones del día, de todas las cámaras del gobierno que tenemos pinchadas. Como él te dijo, del momento clave ninguna imagen es válida, ya que solo tenemos un brillo intenso en todas. Pero de las que tenemos en las montañas, en los alrededores de la ciudad, vimos como una especie de rayo se acercaba. Esto solo lo pudimos ver tras ralentizarlas mucho, ya que viajaba a una gran velocidad y el ojo humano no podía captarlas. Tras hacer algunas aveguaciones, e inclumplir varios cientos de leyes, pudimos conseguir las imágenes de satélites que en ese momento orbitaban por la zona de donde surgía el rayo. Vimos que una especie de naves captaban la luz solar y la canalizaban hacia la tierra. No sabemos realmente lo que hacía este rayo, solo que momentos después, la gente de esta ciudad había desaparecido.

Guy, no daba crédito a lo que estaba escuchando, sabía que algo raro estaba sucediendo, pero no que llegara a ese punto.

- ¡Joder! No somos nadie... Y, ¿Sabéis quién está detrás de esto? Yo creía que era cosa de los Testigos de Jehová, pero aquí como mínimo está metida la AEN -eran las siglas de Agencia Espacial Nacional- y quién sabe si el gobierno.

- Ahí es donde entra Karla, nuestra experta en espionaje -respondió Kristian.

- Desde aquel escándalo de hace años...

- ¿Te refieres a aquel asunto del desvío de fondos públicos a los Testigos, que acabó con el abogado de la acusación entre rejas? - interrumpió Guy.

- Así es -prosiguió Karla- Desde aquello, estamos investigando todos los movimientos. Todo el mundo sabe que algo raro ocurrió allí. Pero, por miedo a las represalias del gobierno, nadie investiga nada. El jefe, por llamarlo de alguna forma, es Liam Moore. Algunos lo recordaréis porque era el presidente y fundador del complejo entramado de empresas Moore & Co, que suministraban la mayoría de material a la Agencia Espacial. Después de una enfermedad, delegó en su mano derecha: el ahora alcalde de la ciudad Bill Durden. Pero este parece que viva en una burbuja impenetrable, y no podemos sacarle nada. Aún así, sabemos que siguen en contacto directo con la cúpula política del país. En especial con nuestro amado, léase la ironía, presidente Roth. También hemos seguido al señor Durden y su empresa. Conseguimos llegar a información clasificada sobre un proyecto que llevan en conjunto el gobierno, Moore & Co y la Agencia Espacial. Parece ser que es un proyecto faraónico, pero cuando lo estábamos copiando a nuestra base de datos el sistema falló y no pudimos rescatar nada.

Mientras Karla estaba hablando saltaron las alarmas, todos corrieron a los puestos que tenían asignados en caso de emergencia. Guy siguió a Kristian al panel de control donde estaban todas las pantallas.

- ¿Quién es esa chica?

- ¡Yo la conozco! Se llama Sarah, es amiga mía -Guy no lo dudó, algo le hacía confiar en ella, la cual no había salido de su cabeza desde el día que la conoció. Pero también sabía que  trabajaba para los Testigos de Jehová. Pero, de este tema, no dijo nada.

- ¿Amiga? ¿Hasta qué punto es amiga tuya? ¿Y cómo demonios ha llegado hasta aquí? - Kristian parecía indignado con esta situación

- Supongo que mi abuela se lo habrá contado. Es la única que sabía a donde iba.

- ¿Se lo contaste a tu abuela? Creía que nadie más lo sabía. Nos lo tenías que haber dicho. ¿Podemos confiar en ella?

- Claro que sí. Yo responderé por ella.

Kristian, que no ocultaba su enfado, conectó el micrófono de la roca y dijo:

- A ver Sarah. Vamos a escanear tu teléfono. Si todo está correcto recibirás un código que debes teclear en la pantalla que saldrá en la roca.

Estaba muy nerviosa. Su teléfono sonó. Abrió el mensaje y siguió las instrucciones. La roca se abrió delante de ella, caminó hacía el ascensor y subió en el. Al igual que Guy, le dejó en la planta -47. Al verle, fue corriendo y se abrazó a él. Estaba temblando, habían pasado demasiadas cosas últimamente. Pero cuando sus brazos la rodearon sintió un remanso de paz y tranquilidad.

- Tranquila Sarah, aquí estás a salvo.

- Guy responderá por tí, así que no le defraudes -dijo Kristian mientras la atravesaba con su mirada- Ya va siendo hora de ir a descansar. Fethawi, hoy te toca la guardia. Guy y Sarah, si queréis comer algo, ahi tenéis la cocina, en la nevera encontraréis cosas. Por cierto, las habitaciones están allí al fondo. Tendréis que compartir cama, ya no nos quedan más libres. Buenas noches. La alarma para despertarse sonará a las nueve en punto. Hoy fue un día muy largo, así que todos nos lo hemos ganado.

Uno a uno fueron yendo a sus habitaciones. Guy y Sarah se dirigieron a la cocina.

- ¿Tienes hambre? Yo creo que picaré de alguna bolsa de patatas, ahora mismo solo me apetece beber un buen trago. De hecho, voy a prepararte una bebida que me enseñó mi abuela.

- Haré lo mismo que tú- dijo Sarah bastante más tranquila.

Guy rebuscó por los armarios y fué mezclando productos dentro de una botella vacía que había en la despensa. Cogió dos vasos, les puso hielo y se dirigió a la mesa donde estaba sentada.

- Aquí tienes. Receta familiar. Sin duda la mejor bebida que he conocido nunca. -Los dos brindaron, y dieron un trago, el sabor del cual a Sarah le resulto familiar. Luego continuó hablando- Y ahora me vas a explicar cómo llegaste hasta aquí. Porque los dos sabemos que mi abuela no te dijo nada. Entre otras porque ella no sabe donde estoy.

- Bueno... -Sarah se sintió como estuviera menguando. Volvía a ponerse nerviosa. No sabia como explicar todo lo que había sucedido desde que fue a casa de Guy.

- ¡Qué pasa pareja! -dijo Bob mientras entraba por la puerta- La traje yo. Creo que voy a ponerme a trabajar de guía turístico. Ya me conozco esta zona al dedillo. No interrogues a la pobre chica, y disfrutemos de una afable charla en família. Por cierto ¿A quién tengo que matar para conseguir un buen vaso whisky?

Guy estaba algo perplejo. Pero olvidó el asunto y, después de una sonora carcajada, señaló a Bob el único whisky que había en la casa.

- ¡Estás de broma! Esa mierda no pienso bebérmela. ¿Lo has probado alguna vez? Prefiero hacerme vegetariano que beber eso. Y ya sabes lo mal visto que estaría en mi clan si hago eso -pensó unos segundos con el semblante bastante ofuscado- Bueno, le pondré algo de cola y unos cubitos, así haré un tributo a mi época de estudiante. ¡Oh, que tiempos aquellos en los que únicamente importaban las chicas y las drogas!

Los tres rieron. Como siempre que entraba Bob en escena, todo volvía a la tranquilidad y parecía no existir más que ese lugar en el mundo. La charla se alargó varias horas.

- Bueno tortolitos, yo me voy ya. Que ayer conocí a una hembra y he quedado con ella después de su trabajo. Hace el turno de noche en los Gladiadores Americanos. Os podría aplastar con un solo dedo. Aquí os dejo un paquetillo de preservativos. No quiero que traigáis más inocentes a este mundo podrido. Os pondré un poco de música de fondo para entonar el momento -dicho esto, conectó su reproductor de música a la minicadena y desapareció por la puerta de la cocina.

Empezó a sonar el “When the flowers were singing” de Kwoon. Los dos miraban al suelo. El alarde de sinceridad de Bob les había dejado llenos de vergüenza. Pero poco a poco comenzaron a levantar la cabeza hasta que se cruzaron sus miradas.

Pasaron unos minutos mirándose fijamente. Finalmente se levantaron a la vez, y se fundieron en un apasionado beso. Parecía que Bob tenía razón y hoy iban a necesitar el regalo que les dejó.

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