Dos manzanas después, Sarah dejó de correr. Su corazón seguía al límite. Se apoyó en una farola para respirar. Sentía que estaba perdiéndose en una nube de pensamientos después de conocer a aquel chico. Entonces sus nuevos compañeros de vida volvieron a su cabeza, la calma se apoderó de ella y puso rumbo al complejo de los testigos de Jehová.
Nada más llegar vio mucho movimiento. Algo importante estaba sucediendo.
- ¡Rápido Sarah! -le dijo una mujer de mediana edad- Busca a tu hermano y coged lo imprescindible. Cuando lo tengais dirigíos a los ascensores que hay al lado de la capilla.
Tenía fe ciega en todos ellos, por lo que sin perder tiempo fue a su habitación, comentó a su hermano lo que le acababan de decir, llenó las mochilas con cosas de los dos y se dirigieron a los ascensores.
Hae (la mujer que los recibió el primer día) llevó a un grupo, entre los que se encontraban ellos, al segundo ascensor. Cuando estuvo repleto, introdujo la llave en una ranura contigua a los botones de cada piso y empezaron a descender. Al llegar al número -13 se detuvo.
Al abrirse las puertas, les llevaron a una gran habitación que parecía preparada para pasar unos dias en ella. Al fondo de esta, estaba lleno de latas de comida y garrafas de agua. Sarah comenzó a tener pensamientos negativos sobre todo aquello. Intento negarlos, pero pudieron con ella.
- Tenemos sospechas fundadas que mañana va a ocurrir algo en esta ciudad. Por eso nos dieron órdenes desde arriba: debíamos bajaros aquí para vuestra seguridad. Por el momento no podemos deciros nada más. Poco a poco iremos informándoos. Aquí teneis lo necesario para pasar una semana. De todas formas, no creo que estemos ni la mitad de ese tiempo -les dijo Hae con voz muy pausada mientras abandonaba la sala.
Pasaron unas horas en aquella habitación cenando y charlando tranquilamente. Al rato llegaron algunos voluntarios con Hae, y acomodaron la gran habitación para dormir en ella. Las luces se apagaron y todos se dispusieron a dormir.
Debían de ser altas horas de la madrugada. Sarah continuaba mosca. Por lo que, aprovechando su experiencia en los suburbios, metió la mano en el bolsillo de Hae, mientras esta salía de la habitación, y le quitó la llave del ascensor. Volvió donde estaba su hermano y, acariciando su pelo, le dijo:
- Ted, creo que algo raro está pasando aquí. Voy a ver si lo averiguo. Cuando pueda volveré a por ti. Si saliéramos los dos sería muy sospechoso. No te preocupes, ahora descansa.
Estuvo vagando por los pasillos un rato. Al principio, tuvo que esconderse varios minutos en una habitación llena de productos de limpieza, para ocultarse de la gente que pasaba corriendo. Poco tiempo después los pasillos se quedaron vacíos. Esperó un momento en silencio, y oyó el sonido familiar de unos zapatos al golpear contra el suelo. Se asomó a una esquina y vio que era Liam (el hombre de traje que conoció en los suburbios y que la condujo hasta allí) acompañado de otras dos personas. Iban vestidos de negro, en silencio. Pero uno de ellos llevaba una túnica con una capucha, como la que utilizan algunos monjes, que le cubría la cabeza, dibujando extrañas sombras en su cara.
Pasaron por al lado de Sarah, pero estaba oculta en la esquina y no la vieron. Esperó a que se hubieran alejado un poco, se quitó los zapatos para que no la oyesen y empezó a seguirlos.
Al poco, entraron en una sala muy amplia, pero poco iluminada. En el centro había una mesa alargada que iba de lado a lado y una gran pantalla en una de las paredes. Sarah mantuvo la distancia, pero pudo ver como había más gente sentada alrededor de la mesa y, que cuando entró Liam, todos se levantaron. Incluso el que a Sarah le pareció distinguir que era el presidente del país.
- Por favor, siéntense. No me gustan las estúpidas formalidades terrícolas -Mientras Liam pronunciaba estas palabras, un escalofrío recorrió todo el cuerpo Sarah.- Los planes han avanzado según lo previsto. Las naves están colocadas en la posición que calculamos con respecto al sol y sus depósitos vacíos y comprobados. Podrán albergar el número necesario de humanos para cumplir con nuestros planes. Si no hay ninguna objeción, comenzaré con la cuenta atrás para ejecutar el siguiente paso del plan.
El silencio llenó cada rincón de la sala. La gran pantalla se dividió en varias partes con diferentes zonas de la ciudad emitidas en ellas. En una esquina había una más grande enfocando a lo que parecían ser las naves. Liam chasqueó los dedos y seguidamente un hombre entró en la sala con una caja. La fue abriendo mientras la colocaba sobre la mesa. Sacó un pulsador y lo conectó a la pequeña pantalla que tenía delante de él.
- Señores, aquí comienza un nuevo paso para nuestro camino a la perfección. ¡Que empiece la cuenta atrás!- dijo mientras una voz artificial iba descontando.
Cuando la voz llegó al número cero, Liam apretó el botón. Todas las pantallas se volvieron blancas, a excepción de la situada en la esquina. En ella se veía como había tres naves en formación triangular, y un rayo salía de ellas en dirección a la tierra. Parecía que se aprovechaban de la luz solar. A su vez, se veía como halo rojizo hacía el recorrido inverso hacia una especie de depósitos.
En ese momento, comenzó a sonar una canción:
"You can force it but it will not come
You can taste it but it will not form
You can crush it but it's always here
You can crush it but it's always near
Chasing you home, saying
Everything is broken
Everyone is broken..."
- Esto es una licencia que me he permitido. Hay que reconocerles que tienen buenas melodías en este planeta -dijo Liam.
Cuando el resplandor blanco de las pantallas se difuminó, volvieron a verse las imágenes de las calles, pero en ellas ya no había nadie. Los presentes en la sala soltaron carcajadas y gritos de alegría. Todos se felicitaban unos a otros, a excepción del personaje encapuchado y Liam.
Sarah, nerviosa por lo que acababa de contemplar, se dió la vuelta para salir corriendo, pero tropezó con Hae y abrumada por la situación, le dio un golpe en la garganta que la dejó inconsciente sobre un cactus decorativo. Sin tiempo que perder, se dirigió a la habitación donde había dejado a su hermano, mientras se acercaba se dio cuenta de que la entrada estaba custodiada por dos enormes tipos armados. Supuso que ya la estarían buscando y tras una breve deliberación interna, huyó con lágrimas en los ojos al pensar que tenía que dejar a su hermano allí.
-Volveré a por ti, Ted. Te lo prometo.- Se dijo a si misma entre sollozos mientras se dirigía al ascensor.
Metió la llave en la ranura de la planta principal, mientras se ponía el traje protector. Cuando llegó a su destino, salió del edificio sin mirar atrás. Sumida en un amasijo de pensamientos, la imagen del chico al que llevó el panfleto, le vino a la mente y, sin saber bien por qué, decidió que iría a buscarlo. Ahora mismo, era la única persona que conocía fuera del complejo.
Corrió calle arriba, la adrenalina de la huída, había diluído todos sus pensamientos. Tras unos minutos corriendo, se percató que estaba sola en la calle. Lo que había visto en esas pantallas no era ninguna simulación. Era real, y algo habían hecho con la gente. Buscó una bicicleta con la que ir, pero al ver un coche pensó: Bueno... Nadie me va a decir nada.
Se dirigió a la casa-bunker, esperando encontrarle. Cuando llegó, se encontró la puerta abierta. Asomó la cabeza, pero no había nadie. Entró de todos modos para ver si el chico estaba dentro, o podía encontrar algo que le diese alguna pista de su paradero.
Empezó a revolver toda la casa, hasta que su estómago decidió que era hora de comer. Abrió la nevera en busca de algo que llevarse a la boca. Sacó un plato envuelto en film transparente. Dentro había un delicioso muslo de pollo con patatas. Para beber cogió una de las botellitas de cristal que había en la parte de abajo de la nevera.
Había decidido que debía para un momento, tranquilizarse, y poner en orden todos sus pensamientos. Y todo el mundo sabe, que eso se hace mejor con la barriga llena. Cogió las cosas y se fue al comedor. Enchufó la tele, mientras se sentaba en el sofá. En todas las cadenas salía la carta de ajuste. La apagó y le dió un trago a la botella. Cuando fue a dar el primer bocado, se dió cuenta de que aquello estaba frío. Se levantó para calentarlo en el microondas, pero se llevó el mayor susto de su vida. Un velociraptor, con muy buen gusto para vestir, estaba fumando en pipa, apoyado sobre la encimera. El plato, el pollo y las patatas salieron volando por los aires, mientras ella daba un gran grito de horror.
- Tranquila cariño, no te asustes... Hoy ya he comido. -Dijo Bob.
Sarah se quedó inmóvil, con la boca abierta y los ojos como platos.
- ¿Qué pasa? ¡Ah! Es que te has quedado sin comida... Eso tiene arreglo: Te invito a comer. Por cierto, si te has fijado en el bordado de mi americana, sabrás que me llamo Robert V. pero puedes llamarme Bob.
- ¿Q... Qué demonios eres? - Balbuceó Sarah.
- ¿Qué soy? Un cerdo vietnamita. Me habían hecho preguntas tontas, pero esta se lleva la palma. Es evidente que soy, aunque los científico se empeñen en decir que si era más pequeño, que si tenía plumas, que si bla,bla... Soy velociraptor adulto, pero ya lo irás entendiendo más adelante... Ahora tenemos que encontrar a Guy.
- ¿Quién es Guy?
- ¡Allanas una casa y ni siquiera sabes el nombre del dueño! Lo que hay que ver... Vámonos ya.
- Bueno, tampoco tengo nada que perder esta vez. Aunque la última que confié en un extraño acabé metida en todo esto.
Los dos subieron al coche que Sarah había cogido prestado, y se dirigieron en busca de Guy.
Después de varias decenas de kilómetros, pararon a comer. Era un complejo hotelero cercano a la entrada del parque natural que rodeaba el estado.
- ¿Tienes hambre Sarah? Creo que nos han preparado un delicioso buffet libre y totalmente gratuito -Dijo Bob.
- ¿Tú también sabes mi nombre? Tan famosa y no tengo ninguna portada de revista... Estoy en un hotel sin gente, totalmente vacío y comiendo con un velociraptor. ¿Qué más puede pasar? No me apetece pensar. ¡A comer se ha dicho!
Sarah llenó una bandeja de comida, como si fuese a darse el último festín de su vida.
- ¿Después te limpiarás los dientes? ¿Vas a ver a la persona que te gusta con ese olor a fritanga saliendo de tu boca?
- ¿Qué Guy me gusta? ¿Por qué dices eso?
- Yo lo sé todo. Vi como os mirabais. Los dos emanabais un aura muy potente cuando os conocisteis. Date prisa, cuanto antes llegues allí más segura estarás.
Sarah acabó con toda la comida que había cogido. Se levantó y fue al servicio a limpiarse las manos y enjuagarse la boca. Tuvo suerte. Era un refinado hotel y tenía cepillos de un solo uso. Se limpió los dientes y salió con Bob del hotel.
Volvieron a la carretera. Ya sabía que el tiempo corría en su contra. Llevaban varios kilómetros cuando Bob volvió a hablar:
- Y esto se va por la ventanilla - dijo mientras arrancaba el collar de Sarah.
- ¿Qué haces? Me gustaba mucho.
- Era un gps para seguirte y llevarles donde está Guy. Ya deberías ir sospechando que han estado utilizándote.
Dieron media vuelta, para que el collar quedase en otra dirección y cogieron el desvío de una carretera de interior. Dos horas después llegaron al lugar.
- Aquí se separan, por un tiempo, nuestros caminos. Cuídate mucho. Esto es lo que tienes que hacer ahora -dijo Bob despidiéndose, mientras le explicaba los pasos que tenía que seguir.
Siguió las instrucciones al pie de la letra hasta llegar a la roca llena de musgo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario