Y para colmo, el día anterior había visto en el parque a su novia “explorando la anatomía” de un apuesto niñato rubio. Cuando se acercó, ella le dijo:
- ¡Es lo que parece! Eres un imbécil y no te aguanto más. Hemos terminado.
Respiró hondo e intentó calmarse. No sirvió de nada. Le dio un certero puñetazo al chico. Se encendió un cigarrillo y se fue.
Así que allí estaba él. Tumbado en el sofá, acompañado únicamente por el sonido de los golpes y gritos cargados de testosterona de los Gladiadores Americanos. Con el cerebro embotado en mil pensamientos de culpa, rabia e impotencia. Llevaba tres latas de cerveza, pero el alcohol no lograba mitigar su dolor. Cabizbajo fue a la cocina, cogió el frasco de cristal que siempre tenía en la puerta de la nevera, y dió pequeño trago saboreándolo. El dulce líquido fue relajando cada músculo de su cuerpo. Volvió a guardarlo y se dirigió al comedor.
Cuando se disponía a sentarse, sonó el timbre. Abrió la puerta sin preguntar.
- Buenas noches señor. Espero no molestarle, me llamo Sarah - dijo una joven sonriente- ¿Es usted feliz? Vengo a dejarle estos folletos de mi iglesia para que les eche un vistazo. A mi me han cambiado la vida. Yo antes estaba siempre en los suburbios vendiendo mi cuerpo y consumiendo todo tipo de drogas. Hasta que un día se cruzó en mi camino un Testigo de Jehová y me dijo que fuese a su iglesia para hablar sobre la vida, Dios y el futuro ¿Y si mañana, al despertar, todos sus problemas hubiesen desaparecido?
Con estas palabras se despidió la joven, sin darle tiempo a reaccionar.
- ¿La has oído Bob? Me ha dejado flipando, ya no saben como sacarte los cuartos.
- No hagas caso, les entrenan con masters en verborrea. Anda, ponme un whisky sin hielo, en vaso ancho - dijo Bob.
- Pero ¿Has visto qué ojos tan bonitos tenía?
- No, le estaba mirando a otro sitio. Pero está claro que no te iban a enviar a un tipo feo con bigote o a uno de esos dependientes del McDonald’s llenos de acné. En realidad son como comerciales de Dios. Puro marketing.
Había que reconocerlo, Bob decía cosas muy inteligentes a pesar de ser un señor velociraptor.
- Quítate el sombrero Bob, se te van a freír las neuronas del calor que hace aquí dentro. Ya no hacen los bunkers como antaño. En aquellos tiempos hacía buena temperatura todo el año. ¿Recuerdas? -dijo Guy mientras servía el whisky y ponía la 9ª sinfonía de Beethoven en su tocadiscos.
- Amén hermano. Ahora intentan ahorrar en todos los materiales. Pero no te puedes quejar, hasta que te eche la casera, tienes una bonita ratonera. Podría resistir otra guerra mundial. Hazme un favor, quita ese estúpido canal. Creo que hacen un maratón de películas de Kubrick en la televisión local.
- Lo había dejado de fondo para poder dormirme. Pero ahora que estás aquí ya no tiene sentido.
Guy cambió de canal. Pasaron la noche en vela viendo toda la filmografía del bueno de Stanley, manteniendo conversaciones pseudo-filosóficas y alimentándose a base de pizza recalentada.
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